Javier: los medios occidentales contra China




Por Cendoesch 

En un hilo de tuits, Javier García, periodista con más 30 años de ejercicio profesional, corresponsal de la agencia española de noticias EFE en China, anunció su retiro del periodismo alegando lo insostenible que resultaba para él continuar trabajando para medios de “información” occidentales sesgados por una línea editorial dirigida a manipular las informaciones sobre China, con una sutileza tal que el lector puede creer que tiene la oportunidad de hacerse un juicio propio tras consumir las “noticias” servidas desde estas grandes cadenas, cuando en realidad está siendo inducido a asumir una posición negativa o cautelosa respecto al gigante asiático aún cuando se ven obligados a difundir informaciones que para los occidentales resultan innegablemente positivas.

 

En el primer “post”, evacuado de su cuenta @javihagen, deja clara su intención de renuncia, además de los argumentos que inicia en éste y extiende por el resto del hilo: “En pocos días dejaré el periodismo, al menos temporalmente, tras más de 30 años de profesión. La bochornosa guerra informativa contra #China se ha llevado buenas dosis de mi ilusión por este oficio, que hasta ahora había sobrevivido a no pocos conflictos y otras lindezas”. A seguida explica que llegó a China “como a cualquier otro destino, intentando mantener la mente abierta y libre de prejuicios e ideas preconcebidad” y que siempre creyó “que la curiosidad y la capacidad de asombro, junto al rigor y la lealtad a la verdad, son los mimbres básicos del periodismo”.

 

Reveló que al llegar a China quedó sorprendido al encontrarse con un enorme país, por demás diverso, en permanente transformación y “repleto de historias que contar”. Definió al gigante como un “lugar innovador, moderno y tradicional a la vez, en el que vislumbraba el futuro” destacando que allí “de algún modo se juega el futuro de la humanidad”. A la par cuenta haber encontrado “un relato de la prensa extranjera -en su inmensa mayoría- profundamente sesgado, que sigue constantemente la estela de lo que los medios estadounidenses y el departamento de Estados de #EEUU quieren contarnos...”. Entonces remacha: “en esa información, llena de lugares comunes, no hay casi espacio para la sorpresa, ni para un mínimo análisis veraz de lo que aquí ocurre”; y continúa su argumento añadiendo que no hay lugar para profundizar en las claves históricas, sociales o culturales”, porque, alega que “todo lo que hace China debe ser por definición negativo”.

 

Para el profesional de la comunicación “la manipulación informativa es flagrante”, y dice que “hay decenas de ejemplos diarios”  y que “quien se atreva a confrontarla o  a intentar mantener posturas medianamente objetivas e imparciales será acusado de estar a sueldo del gobierno chino o algo peor”, e insiste en describir la situación afirmando que “no se tolera la menor discrepancia” en razón de que “los poderes que promueven la muy peligrosa deriva de la confrontación con China no dejan nada al azar”, pues  “sus aparentemente invisibles hilos llegan a los lugares más insospechados” y “ cualquiera que se salga de la senda marcada será apartado o marginado”.      

 

Para Javier García “el tan proclamado tótem occidental de “prensa libre” recibe así, paradójicamente la reflejada, a su más descarada imagen en China: prensa libre para decir exactamente lo mismo, para no salirse del guión preestablecido, para recalcar una y otra vez lo malo que es el ‘comunismo”. Refuerza su juicio afirmando que "hasta políticas que deberían servir de ejemplo, como la reforestación, sin parangón, o la salida de la pobreza de 800 millones de personas llevan siempre la sempiterna coletilla del ‘but at what cost’ que usan hasta la saciedad los medios anglosajones al informar sobre #China”. A seguida sube imágenes capturadas de medios “informativos” que hacen uso de la frase que podemos traducir al castellano como “pero a qué costo”.


García termina su cadena de “posts”, con la siguiente reflexión: “Se habla sin cesar de la propaganda china, que es evidente por tan obvia. Pero nada de la de EEUU, mucho más sutil, menos detectable y, por ello, más efectiva: el lector cree que se está formando una opinión en base a su propio criterio, sin que nadie le esté empujando a ello”. Y termina diciendo que “la arrogancia y un disimulado complejo de superioridad son el pan de cada día a la hora de acercarse a una civilización desconocida, con una evolución radicalmente diferente, que no se puede juzgar con los habituales parámetros americanos o europeos sin intentar abrir el foco”.   

Comentarios