Por Manolo Pichardo La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping el pasado mes de mayo dibuja un escenario de cambio en la hegemonía global. En este, un Estados Unidos resignado y forzado por el pragmatismo que impone su debilidad estratégica en el golfo Pérsico, se ve obligado a explorar salvoconductos económicos en Beijing que le permitan continuar siendo una pieza clave en el reconfigurado tablero geopolítico planetario. La carta de presentación del mandatario estadounidense pretendía, en principio, exhibir un poder más efectivo que el mostrado en el conflicto con Irán: una delegación de la élite tecnológica-financiera que, en un mundo interdependiente, es tan importante o más que el poder militar. Así lo ha demostrado China que, a decir de algunos analistas, está ganando la guerra en Medio Oriente sin disparar un solo tiro. Ante este cuadro, se afirma que el poder real de Estados Unidos se ha desplazado de su capacidad militar hacia su músculo corporativo; por ello se subraya q...
Centro Dominicano de Estudios Sobre China (Cendoesch)