Por Mihail García El reciente encuentro en Pekín entre Xi Jinping y Donald Trump ha dejado al descubierto, más allá de los acuerdos comerciales de ocasión y la pompa diplomática, el complejo juego de espejos que define la geopolítica contemporánea. En este escenario de sutiles equilibrios, la forma en que ambos mandatarios moldearon sus discursos revela no solo la naturaleza de sus liderazgos, sino también la aceptación táctica de una realidad multipolar donde las reglas del juego ya no las dicta una sola potencia. Por un lado, el presidente Xi Jinping optó por un lenguaje que busca consolidar a China en el imaginario global como el actor maduro y defensor del orden internacional y del multilateralismo. Su apelación al respeto mutuo y a unas reglas de convivencia armónica entre Washington y Pekín no es casual; es una narrativa estratégicamente diseñada para presentarse como una potencia responsable. Al invocar de manera tácita el peligro de caer en la Trampa de Tucídides, Xi tras...
Centro Dominicano de Estudios Sobre China (Cendoesch)