Rusia, Ucrania y el actor oculto

 


Por Manolo Pichardo.

Con la sentencia “la historia… se ha puesto nuevamente en marcha” concluye Ignacio Ramonet un artículo publicado en el portal analisisdigital.com.ar el 19 de marzo de 2022, que tituló “Guerra en Ucrania: conflicto global”. El intelectual español hace desde su análisis un recorrido por los acontecimientos desprendidos del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania y detalla, con la acuciosidad que le caracteriza, la complejidad y las consecuencias que, en el orden militar y económico, ha tenido el conflicto para los países físicamente involucrados, igual que para el resto del mundo que ve cómo el incremento de las materias primas -sobre todo las destinadas a la generación de energía como el petróleo y el gas- ha provocado una ola inflacionaria agravada por la amenaza en la interrupción de la cadena de suministro debido a la huelga de los transportistas, a lo que se agrega el anuncio de sectores industriales que ven una posible paralización de la producción, de acuerdo a medios españoles como El Economista, que el pasado 17 de marzo advirtió que “la huelga de transporte amenaza con paralizar la fábrica y provocar un colapso en el país”. Un cuadro similar se reproduce en otros países europeos.

El daño económico no es solo consecuencia directa de las acciones militares de Rusia en Ucrania que trastornan el comercio y la movilidad causando incertidumbre y dificultando la operación de los negocios,  sino que las sanciones anunciadas por Estados Unidos y asumidas por la Unión Europea, son un elemento que añade más tensiones económicas, que de prolongarse derivarán en situaciones de crisis sociales que se traducirán en complicaciones políticas que irán más allá de Europa, porque la interdependencia de las economías, el entrelazamiento de los mercados y tercerización combinada con la descentralización de la producción industrial, hacen del mundo una especie de unidad orgánica en la que la afección de un órgano se traslada a todo el sistema y se convierte en malestar general. 

A estas consideraciones, que podríamos asumir como de coyuntura, hay que añadir las de fondo, las que se desprenden de la recomposición de fuerzas a nivel global con carácter disruptivo que apuntan hacia un nuevo orden mundial y que son el motor que ha acelerado la marcha de la historia, expresándose en estos acontecimientos que tienen como escenario a Ucrania, y que dependiendo del curso que tome el camino hacia el diseño de una nueva arquitectura geoeconómica y geopolítica mundial, el teatro de las acciones pudiera cambiar, porque resulta que un conflicto bélico conduce a caminos desconocidos, máxime si el origen de éste es consecuencia de la lucha entre fuerzas económicas y políticas destinadas a impulsar un giro de la historia que inaugure una nueva era.

Joe Biden ha dicho que asistimos al establecimiento de un nuevo orden mundial y que su país aspira a dirigirlo. Con esta aseveración el mandatario estadounidense admite que el orden anterior, en el que EE.UU. fue líder indiscutible, se deshace en medio de su descenso y el ascenso de nuevos actores y nuevas alianzas, en el que la ciencia, y especialmente la tecnología, juegan un papel decisorio para la definición del nuevo escenario en el que la multipolaridad apunta a consolidarse, con ventajas visibles para el actor oculto: China, que lidera en innovación, procesamiento de materia prima y se expande rápida y eficazmente a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta; construye un sistema financiero con ramificaciones internacionales que amenaza al dólar, presenta alternativa al sistema SWIFT y todo el orden financiero actual. No es Rusia ni Ucrania; es la lucha entre Occidente y el mundo no occidental.

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