Parlamento Centroamericano integra a China como miembro observador




La recomposición geopolítica global ha convertido a América Latina, como dice el expresidente del Parlamento Centroamericano (Parlacen), Manolo Pichardo, en sujeto y no en objeto u objetivo en el tablero mundial; esto, en gran medida, se debe a que varios líderes de la Patria Grande han entendido la importancia de aprovechar la coyuntura de esta recomposición para apuntalar la importancia estratégica e influencia latinoamericana.
 
Recientemente el Parlacen, órgano político del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), ha dado una clara señal de hacia dónde debe orientarse la política internacional del bloque, al reconocer la política de una sola China y acoger como observador extraregional al gigante asiático, tras una moción de Nicaragua. Esta decisión estuvo precedida de un acercamiento previo ocurrido en 2019 cuando una delegación de parlamentarios centroamericanos visitó por primera vez la República Popular China por gestiones Manolo Pichardo, que para el momento fungía como presidente de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal), poniendo fin así a la condición de Observador Permanente a la provincia china de Taiwán.

 

El Parlacen entendió la importancia estratégica de acoger al país asiático en su seno, sobre todo porque desde que Costa Rica, Panamá, El Salvador, República Dominicana, Nicaragua y Honduras, establecieran relaciones diplomáticas con el gigante asiático, cuestión que definía como improcedente que el Parlamento se mantuviera sin reconocer la política de una sola China que reconocen 179 Estados de los 193 países reconocidos por las Naciones Unidas. Y no era para menos, pues desde hace ya más de una década, y en gran medida durante el último lustro, el país que lidera Xi Jinping está jugando un papel de primera línea en la escena global y representa, en estos momentos, el principal motor de la economía mundial.
 
En ese sentido, el Parlamento Centroamericano, entendió que es de suma importancia generar una alianza estratégica ajustada a la nueva arquitectura geopolítica global que comienza a establecer relaciones ancladas en el beneficio mutuo y no en el denominado mundo basado en unas reglas que nadie conoce y sólo se aplican de acuerdo a los intereses de los países que han dominado el mundo en las últimas décadas como imponen algunos países occidentales que no se ajustan a la institucionalidad de unas naciones unidas que deben reformarse para adaptarse a la nueva realidad mundial marcada por la multipolaridad o multicentralidad en la que todos tienen derecho a mover las fichas del tablero global.

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