Por Manolo Pichardo
El año que acaba de concluir representó un punto de inflexión en el que el tan mencionado “orden internacional basado en reglas” se fracturó definitivamente. Este orden, instalado tras los acuerdos de Bretton Woods al finalizar la Segunda Guerra Mundial, fue diseñado a partir de los intereses de los vencedores; específicamente por el país que participó en el conflicto sin que en su propio territorio se disparara un solo tiro. Hoy, ese modelo cede el paso a una geopolítica transaccional impulsada por la pérdida de influencia occidental en el marco de un multilateralismo que reescribe las reglas. Esta nueva realidad combina la decadencia de Occidente con la emergencia del denominado Sur Global, que gana mercados y proyecta su peso en el tablero mundial a través de alianzas estratégicas y avances científico-tecnológicos.
En estas líneas enumero los acontecimientos que, a mi juicio, tuvieron mayor impacto y refuerzan la idea de que el 2025 dejó atrás la “diplomacia de las formas” para inaugurar lo que algunos definen como “sincericidio” u “hostilidad de imposición”. Esta tendencia se expresó con crudeza en la retórica y las acciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien tras su retorno al poder en enero pasado alteró la química de las relaciones bilaterales. Al desatar una guerra arancelaria, alcanzó no solo a sus adversarios políticos o competidores, sino también a sus socios comerciales (Canadá y México) y aliados estratégicos (la Unión Europea, Reino Unido, Japón, Corea del Sur y Australia).
Otro hecho fundamental en este rediseño de las relaciones de poder es la reducción del apoyo estadounidense a Ucrania. El enfoque “América Primero” dejó un vacío que la Unión Europea y las potencias emergentes del BRICS han intentado llenar. Sin embargo, los 27 países de la UE han quedado marginados de las negociaciones lideradas por los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump. Este último parece percibir al liderazgo europeo como un conjunto de vasallos, útiles solo para acatar su política exterior sin derecho a voz para defender los intereses de una Europa que, al igual que Estados Unidos, atraviesa un proceso de declive; tal como las enredaderas que caen cuando el árbol que las sostiene se desploma.
El colapso del régimen sirio y el nuevo rostro del Vaticano constituyeron dos eventos que reconfiguraron la influencia cultural y regional. La caída del gobierno de Bashar al-Assad fue un terremoto que desmanteló décadas de influencia rusa e iraní en el Levante, dejando un escenario complejo de milicias y nuevos actores. Entre ellos destaca el presidente Ahmad al-Sharaa —apodado “el rebanador de cuellos”—, antiguo militante de Al Qaeda y antes considerado terrorista por Estados Unidos. Tras un breve y sospechoso combate que derrocó a al-Assad, al-Sharaa fue “blanqueado” de sus crímenes por Occidente y recibido en la Casa Blanca como un héroe.
Por otro lado, la elección del Papa León XIV (Robert Francisco Prevost, peruano de nacionalidad estadounidense) tras la muerte de Francisco, desplazó el centro de gravedad de la Iglesia Católica hacia las Américas. Su gestión ha comenzado a mezclar una agenda de justicia social con un pragmatismo diplomático frente a la nueva administración en Washington.
En el ámbito social, la llamada “Rebelión del Sombrero de Paja”, atribuible a la Generación Z, se convirtió en un fenómeno de impacto mundial. Aunque de apariencia cultural, este movimiento tuvo repercusiones geopolíticas profundas: jóvenes en Madagascar, utilizando como símbolo la bandera del anime One Piece, tomaron las calles para denunciar privilegios y terminaron derrocando al gobierno. Para los analistas, esto demuestra cómo la cultura pop digital está sustituyendo a las ideologías tradicionales como motor de movilización política en el Sur Global.
Asimismo, aunque parezca un tema menor, los ataques a la infraestructura submarina —cables de fibra óptica y tuberías en el Mar Báltico y el Mar de China Meridional— enviaron un mensaje contundente sobre la soberanía tecnológica. Estos sabotajes pueden ser más dañinos que las invasiones territoriales, pues el corte de datos es capaz de desestabilizar una economía con mayor rapidez que una incursión terrestre.
Finalmente, el reordenamiento de África, con procesos de liberación nacional expresados en la retirada de Francia y otras potencias coloniales del Sahel (Malí, Níger y Burkina Faso), ha consolidado la presencia de Rusia y China en la región, alterando el flujo de recursos estratégicos como el uranio y el oro. Junto al acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán —que podría marcar la pérdida de control de Rusia en el Cáucaso Sur—, estos eventos son muestras inequívocas de que el 2025 fue un escenario de rupturas y alianzas que reconfiguran el mundo.

Comentarios
Publicar un comentario